La película empieza en Inglaterra un día de
1935, el más caluroso del año. A pesar de la
creciente amenaza de la II Guerra Mundial,
Briony Tallis y su familia viven como
auténticos privilegiados en su enorme mansión
victoriana neogótica. Toda la familia se reúne
para el fin de semana, pero el opresivo calor
y las emergentes emociones reprimidas crean
una soterrada sensación de peligro. Briony,
una escritora en ciernes, es una chica con
mucha imaginación. Una serie de catastróficos
malentendidos hace que acuse a Robbie Turner,
el hijo del ama de llaves y amante de su
hermana Cecilia, de un crimen que no ha
cometido. La acusación destruye el amor
naciente entre Robbie y Cecilia, además de
cambiar dramáticamente el curso de sus vidas.
Notas de producción
Durante el rodaje de
Orgullo y prejuicio, Tim Bevan, productor y
copresidente de Working Title, se dio cuenta
de que Joe Wright era uno de los directores
noveles con más talento que había conocido y,
deseoso de no perderle, empezó a buscar otro
proyecto para él. Richard Eyre y Robert Fox
habían ofrecido la novela superventas
Expiación, de Ian McEwan, a Working Title para
ser dirigida por Richard Eyre. Cuando este
último debió cumplir con compromisos
anteriores, no tuvo inconveniente en dejar la
dirección del proyecto en manos de Joe Wright.
Lo que más atrajo a Joe
Wright de esta adaptación fue que la historia
estaba narrada por Briony Tallis en tres
momentos clave de su vida. Sabía que desde el
punto de vista de la realización una narración
semejante es un auténtico reto. Dice: "La
historia escoge su camino durante la
adaptación de una novela para la gran
pantalla. Puede replantearse la estructura
narrativa, los puntos de vista, incluso que
haya una única verdad en vez de varias".
Joe Wright trabajó
intensamente con el guionista Christopher
Hampton para adaptar la novela: "Cuando me
mandaron el primer guión, me pareció muy
alejado de la novela, que siempre me había
parecido magnífica. Así que Christopher y yo
volvimos a empezar de cero, intentando ser lo
más fieles posible al libro. Disfruté mucho en
ese periodo. Estaba entusiasmado y totalmente
sumergido en la historia. Sentía que conocía
la novela y el guión a fondo, que entendía
cada momento, o al menos lo intentaba". Sigue
diciendo: "Una novela es una ilusión, una
serie de símbolos en una página que crean una
historia en nuestra mente. Un libro tiene
tantas versiones como lectores. He hecho la
adaptación de la historia que me vino a la
cabeza cuando leí la novela".