Glen Hansard es un cantante y compositor que
interpreta sus canciones por
las calles de Dublín,
cuando no está trabajando en la tienda de su
padre. Durante el día, para ganar algún dinero
extra, interpreta conocidos temas para los
transeúntes, pero por las noches, toca sus
propios temas en los que habla de cómo le dejó
su novia.
Su talento no pasa
desapercibido a Marketa Irglova, quien da vida
a una inmigrante checa que vende flores en la
calle para sacar adelante a su hija
y a su madre. También ella
se está recuperando de un “fracaso amoroso” y,
para sentirse un poco mejor, escribe canciones
sobre el tema, pero a diferencia de Glen,
nunca las interpreta en público. Glen y
Marketa, acaban de improviso haciendo un dueto
en una tienda de música y será entonces cuando
descubran que algo les une. Al no haberse
recuperado todavía de sus respectivas
rupturas, dudan sobre si luchar por iniciar
una relación entre ellos. Mientras toman una
decisión que cambie sus vidas, ambos se
concentran en escribir nuevos temas y
grabar algo, para intentar
abrirse camino profesionalmente en el mundo de
la música.
Notas del director
Las conversaciones sobre
este proyecto comenzaron en 2005, durante un
concierto de The Frames en Dublín. Como
director con un pasado musical,
siempre he querido hacer
una película que, sin ser un “musical”
tradicional
(como los de los años 40),
utilizara numerosas canciones para contar una
historia moderna, una
historia de amor.
Al principio barajé varios
proyectos pero los abandoné rápidamente, por
considerarlos demasiado
ambiciosos. Quería encontrar una historia, de
trama sencilla, que me permitiera usar
canciones de una forma que el público moderno
aceptara. Finalmente, opté por la idea de un
músico callejero en las calles de Dublín; una
persona que al no tener nada, no tiene nada
para perder. Desarrollé una sencilla historia
de amor, le pedí a Glen Hansard (el cantante
de The Frames) que escribiera varias canciones
- que terminaron formando un tandem con la
historia emergente. Durante los meses
siguientes, Glen y yo intercambiamos ideas -
una línea de diálogo aquí, una canción ahí.
Ambos nos alimentamos del trabajo del otro.
Cuando llevábamos 60 páginas ya habíamos
compuesto 10 temas originales.
Mi intención era hacer una
película original, casi como un álbum visual,
pero ante todo quería contar una historia de
amor, moderna y realista. Estamos en un mundo
donde una canción de tres minutos equivale a
diez páginas de guión; donde los personajes
comunican más a través de canciones que
hablando. Desde luego, esto no quiere decir
que la historia no tenga una estructura de
tres actos, sólo que ésta es un poco más
oblicua que en muchas otras películas - y las
canciones son la llave para descubrirla.