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RELATOS GAYS POR TITULO: RELATOS 1 RELATOS 2 RELATOS 3 RELATOS 4
31.-UN VIAJE EN BUS Gay, maduro. Por fin pudo disfrutar de una maravillosa experiencia con un hombre madurito en un bus.
Me llamo Jose Antonio, tengo 23 años y siempre he
deseado poder salir del armario y disfrutar de mi vida como gay, pero el hecho
de vivir en un pueblo pequeño de Murcia, donde todo el mundo se conoce me obliga
a guardar apariencias y a imitar mi experiencia sexual a masturbarme y visitar
sitios en la red. . . Siempre me he considerado muy cortado a la hora del sexo,
por eso cada vez que salía del pueblo y tenia oportunidad de una relación me
echaba atrás y solo me contentaba con mirar e imaginar. La situación cambió a
mediados de abril del pasado año. Tres meses atrás había estado esquiando en una
estación del norte con unos amigos y decidí repetir experiencia por mi cuenta,
así que organicé un viaje de fin de semana, me iría en bus esa misma noche. El
autobús salió bien entrada la noche, íbamos a viajar toda la madrugada para
llegar a primera hora de la mañana; no había mucha gente en la salida del
trayecto así que me acomodé en los asientos traseros, donde prácticamente
viajaba solo, el resto de los viajeros se agrupaban en la parte delantera. Solo
un señor se acerco a la parte de atrás y se sentó en los asientos justo delante
de mí. Era un maduro sesentón, bastante grueso, de barriga redonda, cara grande
y gorda, bien afeitado y de ojos oscuros y grandes, vamos, que estaba viendo a
un ángel, era precisamente la clase de hombres que a mí me gustaban. Tenia
problemas para colocar su bolsa de viaje en los armarios superiores así que me
levanté para ayudarlo a sujetar la puertecilla y que pudiera acomodar el
equipaje. Me lo agradeció con una sonrisa y se sentó. Yo, tras él me fijaba en
su nuca, su pelo, que no se le había caído pero no era muy abundante, y mi
cabeza se puso a dar vueltas e imaginar. Al poco tiempo, y ya con el bus en
marcha, tal vez por ese instinto que te hace girar la cabeza cuando te sientes
observado, se giró y saludó, preguntando cual era el destino de mi viaje, y
comenzamos una breve conversación de cortesía, durante la cual se apagaron las
luces del bus quedando solo los pilotos que casualmente estaban fundidos justo
encima de mi asiento, dejándome en una penumbra total. El resto de los viajeros
se acomodaba para dormir o cuchicheaba en voz baja. . . El señor intentaba
acomodarse en el asiento de delante para dormir, así que le ofrecí la almohada
hinchable que yo llevaba. Él me la aceptó pero dijo que aparte de la postura
incomoda le agobiaba la calefacción del bus. Ya se había arremangado y
desabrochado los botones del polo que vestía, y siguió: con un movimiento brusco
se quito el polo y se quedo en camisa interior, de color blanca que durante el
breve momento en que la miré de forma lo más disimulada que pude aprecié como le
marcaba la forma de su vientre y dejaba entrever unos pelillos canosos por su
pecho. Durante los siguientes minutos, y quizás debido al "calentón" que me daba
verlo así y yo también note que la calefacción del bus estaba un poco-demasiado
alta, así que me quité mi abrigo y me saqué la camiseta interior por fuera de
los pantalones. Mi movimiento alertó a mi madurito que se giró, y comentando el
bochorno que hacia allí se levantó y dijo que no podía dormir así, a lo que
asentí y al darnos cuenta nos habíamos puesto a hablar. Nos presentamos, se
llamaba Juan, tenia 60 años y se acababa de jubilar anticipadamente, dejaba
Murcia para volver al norte, a su tierra de origen, no estaba casado, toda su
vida había trabajado como administrativo en una compañía de seguros. Yo le conté
sobre mi viaje a esquiar y al poco, como vi que la conversación no decaía, le
ofrecí pasar a su asiento para que él no estuviera hablando con el cuello
girado, que era incomodo. Para mi sorpresa fue él el que se sentó a mi lado y
durante la siguiente media hora hablamos de todo: trabajo, fútbol, familia. . .
yo, a decir verdad me olvidé por completo del sentimiento que su visión
despertaba en mi y me comporte de forma totalmente natural, olvidando cualquier
referencia al sexo, pero fue él el que sacó el tema preguntándome por si tenia
novia. Ante mi negativa siguió preguntando y le explique como en mi pueblo era
muy difícil tener siquiera un pequeño escarceo. . . Juan se rió y dejó el tema.
Dos horas después estábamos dormitando a duras penas, a ratos, pero seguíamos
sentados juntos. Yo debí caer dormido, pero en medio de la madrugada los
ronquidos suaves de Juan me desvelaron y me lo encontré dormido sobre mi hombro,
con la mano derecha echada descuidadamente sobre mi. Se había desabrochado el
pantalón y bajado la cremallera dejando a la vista su calzoncillo blanco, sin
duda para dormir más cómodo. Yo no tenía ninguna intención de cambiar aquella
situación pues estaba adustísimo, pero al poco de estar mirando su entrepierna
la dureza de mi tranca me dolía así que tuve que moverme, desabrocharme y meter
la mano para moverla en su erección y que no molestara. Juan se despertó con ese
movimiento y retiró su cabeza y su mano descuidadamente, yo me apresuré a
hacerme el dormido pero por el rabillo del ojo lo veía a él, como también miraba
mi bulto. Comencé a ponerme nervioso porque no podía creer que Juan fuera como
yo, era un sueño, pero mi erección no cesaba. Y Juan tardo solo un minuto en
meter la mano bajo su slip y comenzar a meneársela, creyéndome dormido. No se
atrevió a mas y tras un rato se sacó la mano y se giró para dormir. Vi clara la
situación: a él le ocurría como a mi, tampoco estaba seguro de mi sexualidad así
que no se atrevía a mas. Me armé de valor. Era mi oportunidad. Mi sueño de toda
la vida. Ya sabia que a Juan le gustaba así que tenia que por lo menos
intentarlo. Todavía haciéndome el dormido, apoye mi cabeza justo sobre su pecho,
abrí los ojos un poco y me quede mirándolo con los nervios a mil. Él me miró
durante un instante que se hizo eterno, luego me sonrió y comenzó a acariciarme
el cabello, las orejas. Yo giré la cabeza hacia su pecho y le di besos cortos y
tiernos a través de la camisa, jugando con mi nariz.
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