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50.-
UN GATO Y DOS TEQUILAS
Gay. En una de sus
charlas en el chat se habían prometido una ducha juntos... y hoy podrían
cumplirlo.
Aquella tarde, cuando Karlos entró en mi habitación, no podía creer lo que veía.
Su mejor amigo y yo habíamos estado garchando como locos todo el día y el
desorden de la cama y toda la habitación eran las pruebas de ello.
Tom se despertó y sintió un poco de vergüenza al ver a su amigo allí mirándonos.
Pero no estaba arrepentido de lo que hizo. Yo como si nada hubiese pasado le
dije a Karlos que se sentara en la cama junto a nosotros, así planeábamos cómo
seguir su visita a Buenos Aires. Karlos me miraba con un poco de enojo, pero al
tiempo de ir hablando, se le fue pasando y volvió a ser el chico simpático que
era. Tom casi ni hablaba, solo se tapó con la sabana su desnudez. Su gran
desnudez.
Pregunta va, pregunta viene, Karlos no se aguantó más y nos preguntó que
habíamos hecho. Yo lo miré a Tom como pidiendo autorización para contarle, éste
me guiñó un ojo, entonces le relaté al chico todo lo que había pasado desde que
él se había ido a la otra habitación. Karlos estaba en calzoncillos, a medida
que mi relato avanzaba, se notaba que su miembro comenzaba a crecer, igual que
el de Tom, que empezaba a hacer carpa con la sábana. Yo, como siempre, ya estaba
caliente. Al terminar de contar, Karlos le preguntó a su amigo si le había
gustado. Este respondió que mucho. "Entonces, pendejo, ahora lo vas a hacer
conmigo, que te estuve esperando desde que éramos niños". Tom se puso serio y le
dijo que no. Que no quería mezclar las cosas, que conmigo había sido diferente,
porque no éramos amigos. Además, yo era mayor, por lo tanto tenía más
experiencia en estas cosas que él. Mientras Tom hablaba el odio de Karlos hacia
mí aumentaba. Los celos lo consumían. Entonces decidí poner en práctica un plan
para solucionar esto. Dije que me iba a duchar, y Tom me dijo que él también. Le
dije que no, que le había prometido a Karlos ducharnos juntos en una de nuestras
charlas por chat, entonces, tomándolo de la mano, me llevé a Karlos al baño, y
sin dejarle decir nada, lo desnudé y nos metimos en la ducha. Rápidamente llevé
mis labios a los suyos y me comí esa boquita de 17 años. Mi lengua entró en su
interior y jugueteó con la suya un buen rato, mientras una mano de él se
apoderaba de mi pija y comenzaba a darle una paja grandiosa.
En la mayoría de mis relaciones yo soy pasivo, pero la boca de ese pibe me
calentaba y quería que me la chupe. Le pedí que se arrodille frente a mí. Casi
como ordenándolo. Él, sumiso, lo hizo. Le ordené que abra su boca y saque su
lengua. Cuando lo hizo, apoyé la cabeza de mi glande en la punta de su lengua, y
lentamente mi pija fue resbalando al interior húmedo. Comencé a cogerlo por la
boca, y lo tomé de los pelos un tanto con fuerza. Él devoraba toda mi pija, y la
chupaba con devoción. El jueguito de dominarlo me estaba gustando. Saqué mi pija
de su boca, y se la froté por toda la cara, mientras le grité que chupara mis
huevos. Su lengua buscó mis huevos y jugó con ellos un buen rato. Con mis manos
en sus cabellos yo manejaba la velocidad de sus movimientos, y de vez en cuando
le decía que lo haga más despacio, porque si no iba a acabar muy pronto.
El agua de la ducha nos caía encima, él tomó un jabón comenzó a pasármelo por el
culo. El estar siendo chupado por delante y enjabonado por detrás me volvía
loco. Le pedí que se ponga de pie y lo giré de forma tal que su culo quedó casi
a la altura de mi verga dura. Tomé el jabón y prácticamente lo penetré con él.
Le metía el jabón bien en el orto y lo movía una y otra vez. Lo pasaba por toda
su zanja. Sin dejar de enjabonarlo, me acerqué a él y le empecé a morder el
cuello, lo pegué a mí y ahí pude ver su pija, que hasta entonces había pasado
desapercibida por mí. Era hermosa, llena de venas y bien gorda, de unos 16 cm.
Estaba totalmente dura y Karlos se la meneaba a ratos. Le prohibí que se la
volviera a tocar, y no lo volvió a hacer. Pero su calentura seguía creciendo.
Sin perder más tiempo, le saqué el jabón del culo, y me enjaboné toda mi pija,
lo empujé contra la pared, dejándolo atrapado entre ésta y mi cuerpo, y le puse
mi pija entre sus nalgas. De inmediato ésta se deslizó hacia abajo, patinando
suavemente. Entonces la tomé con una mano, y la ubiqué justo en la entrada de su
culo, y lo ensarté. Se la metí toda de un golpe, bien adentro. Él lanzó un "ay",
pero a mi no me importó, y empecé un mete saca violento pero sumamente
placentero, mientras tomaba su pija entre mis manos y lo masturbaba muy fuerte.
Lo cogí un buen rato, y también le hice una buena paja, pero sin dejarlo llegar
al orgasmo. Cuando noté que estaba por explotar le dije que se arrodillara
nuevamente. Así lo hizo y le llené la cara de leche. Tomé mi leche con dos de
mis dedos y se la ofrecí para que lo lamiera. Él se llevó mis dedos a su boca y
los chupó como si fueran un helado. Lo puse de pié y lo volví a besar. Y cambié
mi actitud, volví a ser el gatito dulce y tierno que suelo ser. Me puse contra
la pared, y le ofrecí mi culo. Karlos sin pensarlo dos veces, me ensartó sin
piedad. Me metió su gruesa pija en mi agujerito y acabó allí a los pocos
minutos. Y se quedó exhausto recostado sobre mí, y con su pija semierecta aún en
mi interior.
Al fin nos duchamos, y le propuse algo para aquella noche: emborrachar a Tom y
pasarla bomba los tres juntos. Karlos enseguida me dijo que había un trago que a
Tom le encantaba, pero que lo mamaba muy rápido, era una mezcla de tequila con
ron y frutas. El plan estaba armado, solo quedaba cumplirlo.
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