|
INDICE:
VIDEOS GRATIS
FOTOS
GRATIS
FORO
WEBCAMS
MÚSICA
TELEVISIÓN
SEX SHOP
|
RELATOS GAYS POR
TITULO:
RELATOS 1
RELATOS 2
RELATOS
3 RELATOS 4
76.-
LENCERIA PARA CABALLEROS
Gay. Probándose ropa
interior... con un dependiente muy muy ardiente.
Necesitaba renovar mi vestuario, empezando por lo más elemental: la ropa
interior.
Nunca he sido muy exigente con mis prendas intimas pero de un tiempo a esta
parte estaba empezando a tomarme muy en serio mi imagen interior.
Así que decidí entrar en una de esas tiendas que venden ropa intima, tanto a
mujeres como a nosotros, los hombres, que cada vez más cuidamos de nuestra
apariencia.
Esta en cuestión estaba cerca de casa y tenía un gran cartel donde en bonitas
letras de imprenta se podía leer el reclamo publicitario "Oferta en Lencería
para Caballeros".
La tienda no era muy grande y el dependiente, taciturno y algo aburrido, me
indicó la sección masculina con desgana. No parecía tomarse su trabajo con mucho
empeño.
Tendría unos treinta y tantos años y aunque se le adivinaba una incipiente
barriga, el caso es que no estaba nada mal...
La cuestión es que tras dudar durante un buen rato me decidí por tres modelos de
slips y pregunté al muchacho por los probadores.
"Al fondo, en la trastienda", me indicó, "te acompaño por si necesitas ayuda",
me dijo repentinamente animado.
Yo le seguí hasta llegar a una especie de habitación con un espejo y una
cortina, que hacia las veces de probador.
"Gracias", le sonreí, y cerré la cortina.
Una vez solo me bajé quite toda la ropa, para apreciar como quedaban las prendas
totalmente desnudo, que es como me gusta que me vean.
El primer slip, un modelo rojo y muy ajustado, resaltaba mi paquete y marcaba
mis glúteos de forma provocadora.
La voz del dependiente sonó detrás de la cortina: "Si me dejas pasar te puedo
indicar como te quedan". La solicitud me pareció extraña, pero pensé que entraba
dentro de sus funciones y le abrí la cortina.
El brillo de sus ojos explorando mi paquete me indicó que tenia algo más que un
mero interés profesional.
"¿Te aprietan?", me preguntó agachándose hasta quedar a la altura de mis nalgas.
"Un poco", respondí alterado.
"Es que te tiran un poco de atrás" y mientras decía esto su mano se introducía
por los laterales traseros del slip, desencajándolo de la raja del culo,
mientras su otra mano descendía hasta la parte que une los testículos con el
ano, comprobando la elasticidad de la prenda. "Parece que te están un poco
pequeños".
A decir verdad, tenía razón, y mi polla empezaba a hacerlos más pequeños aun,
ante las caricias que me estaba propinando involuntariamente el atento
dependiente.
"Pruébate estos", y me alargó una talla mayor.
Yo no sabía que hacer. Ese tipo esperaba allí agachado a que me probara los
calzoncillos y mi polla había pasado de estar morcillona a lograr una
considerable dureza.
Le eche valor y me quite los slips, a los que involuntariamente había dejado de
recuerdo una manchita de liquido preseminal.
Cuando el muchacho vio lo que tenía que ver se impactó un momento.
"Perdona, pero tus caricias me han puesto un poco cachondo", me disculpé.
Él sonrió y me dijo que no me preocupara, que era normal y que no era la primera
vez que ocurría.
Me coloqué los nuevos slips, que quedaron ajustados, dejando sobresalir la punta
del nabo, dando a la situación un toque inesperadamente sensual.
El acercó su cara a la parte delantera de los calzoncillos y se quedó mirando
fijamente la parte sobresaliente de mi alterada anatomía. Estiró un poco los
slips por detrás e introdujo un dedo en el canalillo del culo, buscando la tira
que lo recorría para ajustarlos a mis medidas provocándome un escalofrío de
placer al notar sus dedos en esa zona.
Su boca quedaba tan solo a unos centímetros de mi tranca, que a estas alturas
había superado los veinte centímetros. En un gesto involuntario acerqué la punta
a sus labios que rozaron el glande durante un segundo.
"Perdona", le susurré alterado.
El tipo sonrió, me miró a los ojos y se relamió los labios lujuriosamente. Acto
seguido introdujo su mano hasta el fondo del calzoncillo y buscó mi agujero,
mientras su lengua buscó lo que hace un segundo había probado y que, a juzgar
por su expresión le había gustado.
Una vez hubo ensalivado a conciencia el glande, se entretuvo en jugar con el
agujerito de mi polla, para bajar a continuación por encima de la tela de los
slips que a estas alturas estaban totalmente dados de sí por la longitud de mi
pene.
Sentía la parte interior de sus mejillas rozándome el glande y a cada acometida
parecía tragar un poco más llegando hasta los huevos... Se la saco y se la comió
de nuevo, hundiéndola en aquella boca caliente mientras su experta mano
masajeaba mis nalgas e introducía los dedos en mi esfínter. Yo no podía más y
comencé a someterlo a violentas embestidas, follandomelo brutalmente por la
boca.
El mamón chupaba que daba gusto y le avisé que lo iba a inundar de semen, a lo
que él respondió con un ronroneo revelador y aumentó la rapidez de su comida.
En unos instantes me derretí en su boca. "Ahhhhhh", grite apoyándome en el
espejo.
Note como los espesos goterones iban siendo succionados hasta la última gota,
parecía querer más a juzgar como ordeñaba los restos de corrida de mi dolorida
polla.
A continuación se levantó y me introdujo su deliciosa lengua, recubierta aun por
mi abundante corrida, jugando con mi cavidad bucal y mezclando el semen con la
saliva.
"Follame", le suplique al oído, mientras le lamía la oreja.
Asintió con la cabeza y me indicó el camino de su polla con un gesto. Me
abalancé sobre ella como si no hubiera comido en días. Tenía unos buenos
veintitrés centímetros de aparato que coronaba un brillante y sonrosado glande
que parecía decir "cómeme".
Y eso hice, lo lamí hasta que estuvo bien lubricado, para luego introducirme la
tranca en toda su longitud, arrancando un gemido de placer de su propietario que
decía mucho a mi favor como comedor de pollas.
Notaba los pelos de su pelvis rozándome la nariz y el maravilloso olor a sudor y
a macho que me rodeaba. Era deliciosa, pero deseaba que me taladrará con ella,
así que sin darle tiempo a decidir, me la saqué y me coloqué a cuatro patas,
como un gatito deseoso de leche, abriéndome las nalgas con las dos manos para
ofrecerle mi tesoro más oculto.
Al momento noté su lengua sobre la rosa de mi ano, lamiéndome todo. El sentir
aquella lengua golosa y húmeda, invadiendo mi recto, me transportó al paraíso.
Pero la apartó de repente, a lo que yo respondí gimiendo y culeando, en espera
de más, y vaya que si me lo dio. Noté como apoyaba su esplendorosa polla en la
entrada de mi agujero, y como poco a poco, centímetro a centímetro iba
conquistando mi interior, hasta que llego un momento que ya no había más que
meter. Me sentía lleno de carne por todas partes. "Follame" le grité
desesperado.
Y comenzó a moverse en un metesaca violento y placentero, en el cual notaba sus
testículos chocando contra los míos en una frenética embolada que parecía no
tener final.
De repente se paró y dando un alarido me inundó con su semen, llenándome el culo
de leche caliente que poco a poco empezó a deslizarse por entre mis piernas.
Me di la vuelta y alcancé a introducirme aquel fenomenal pollón en la boca para
almacenar en mi estomago los restos de su más que suculenta corrida.
Al rato descansábamos los dos en el suelo del probador. Entonces me acordé de
los slips. Estaban debajo de nuestros cuerpos, completamente mojados por el
semen que habíamos desprendido en nuestro excitante coito.
"Te los regalo", me dijo el dependiente. "Te los has ganado".
Y así fue como convertí en un sano hábito, dedicar un día al mes a comprar ropa
interior en cierta tienda de mi barrio...
|
|