A pesar de que siempre me había gustado la lencería y me
encantaba ponerme la de mi hermana, solo había tenido relaciones
con hombres durante la adolescencia, fue con mi primo, pero solo
era masturbarnos y tocarnos, llegando alguna vez a hacerle una
mamada.
Siempre me gustó la sensación de mirarme al espejo mientras me
vestía con la ropa de mi hermana, pero temiendo a que ella se
diese cuenta de que la usaba, empecé a comprar mi propia ropa,
poco a poco me hice con un vestuario bastante completo, me
encantaban los ligueros, las medias a medio muslo, los tanguitas,
tenía de todos los colores y formas.
Al poco de cumplir los 26, me fui a vivir solo, alquilé un pequeño
apartamento, con mi nueva situación en cuanto llegaba lo primero
que hacía era pegarme una ducha y empezaba el ritual, me daba una
crema hidratante por todo el cuerpo, para sentirme suavecita,
mientras me empezaba a vestir.
Me subía lentamente las medias hasta los muslos, me ponía el
tanguita, mirándome bien en el espejo, ajustándolo a mi rajita,
después el liguero, me lo enganchaba lentamente a las medias, me
ponía una falda suelta para sentir bien el aire rozando mis
partes, una blusa y así estaba siempre por casa, me encantaba.
Un día me dio por entrar a chatear en un canal de travestís, mi
nick era “vicky sumisa” al poco de estar conectado me mandaron un
privado, era un chico de 30 años, tenía novia, pero buscaba una
fantasía con una nena como yo, poco a poco la cosa se fue
calentando, y pasamos al Messenger, para poder poner la cam., y
que me viese, le gustó y lentamente me decía que me fuese
desnudando, me dijo que buscase algo para follarme el culito, cosa
que tenía muy fácil, por que tenía un par de vibradores, así que
después de desnudarme del todo, me dijo que me acostase boca
arriba enfocando la cam. a mi ano, me ensarté mi culito con uno de
los vibradores, corriéndome al poco encima de mi ombligo.
Lo repetimos varios días, ya nos buscábamos en el Messenger, así
que empezamos a hablar de vernos, vivíamos a 400 Km. casi, así que
quedamos casi a la mitad de trayecto, un fin de semana.
Llegué yo antes, nada más llegar a la habitación del hotel, empecé
mi ritual de vestirme, estaba muy nerviosa, no sabía como iba a
reaccionar al verle, escogí una conjunto blanco de encaje,
liguero, tanguita, con un salto de cama, me pinté los labios, y me
puse una bata, para recibirlo.
Cuando abrí la puerta y nos vimos nos dimos un par de besos, nos
sentamos, para hablar un poco, pero yo ya tenía una excitación, de
la cual él se dio cuenta enseguida, así que se arrimó a mí y me
puso su mano sobre el muslo, mientras acercaba sus labios a los
míos, sentía su mano, que iba acercándose a mi sexo, yo le metí
mano en su paquete, estaba muy excitado, le desabroché y le bajé
el bóxer hasta las rodillas para poder meterme su rabo en mi boca,
era de tamaño normal, pero era muy ancho, le recorría con mi
lengua sus huevos, hasta comerle la polla, me separó y me dijo que
me desnudara delante de él, que me moviese como una putita para
él, me fui abriendo y despojándome de la bata, cuando el vio mi
conjunto, se le iban los ojos, me comía con la mirada.
Seguí desnudándome, me quité el salto de cama y me quedé delante
de él con el liguero y el tanguita, se levantó y me dio dos azotes
en mis nalgas, me empujó sobre la cama, yo quedé tendida boca
arriba, pero é me sujetó por mis caderas y me dio la vuelta,
poniéndome el culo en pompa, separó la tira del tanga y me empezó
a chupar mi agujerito con su lengua, yo estaba en el cielo, metía
su lengua en mi culito y con una mano buscaba mi polla, lo veía en
el espejo y me calentaba más, de repente se separó y bruscamente
me metió su polla en la boca, me dijo: “venga puta, pónmela dura
para follarte cabrona” con aquel rabo en la boca y mirándome al
espejo me sentí puta, como había soñado.
Dejé de mamar y le pedí que por favor mefollase, que me hiciese suya, me arrancó el tanga y me acostó en
la cama boca arriba y flexionándome las rodillas para que mi
agujerito se abriese del todo, me la empezó a meter, yo estaba
acostumbrada a follarme el culo con mis vibradores, pero aquella
polla era mucho más ancha, así que cuando me la metió de una
embestida di un grito, pero el dolor se convirtió en gusto, el me
bombeaba, me daba embestidas que me llenaban de placer, el bramaba
también de gusto, insultándome, follándome, de repente paró en
seco y sacó su polla de mi cuevita, se sentó al borde de la cama,
apoyándose para atrás y me pidió que me sentara encima, quería ver
mi cara bien, así que me fui sentando poco a poco, y empecé a
cabalgar, vaya follada, me veía en el espejo y comencé a acelerar
mis movimientos, así me corrí, cabalgando sobre mi macho.
Yo no quería que aquello se acabase, pero enseguida empecé a
sentir un calorcito por mi culo, que me decía que él se estaba
corriendo, llenándome entera, me levanté y me saqué su rabo de mi
culo para poder mamárselo, limpiándoselo todo, él me dijo que
nunca había follado a nadie así, yo estaba aún excitada y le metí
mi lengua en su boca, reclamando un sensual beso, noté como se le
estaba empezando a poner duro su miembro, así que bajé para
chuparlo, noté como crecía en mi boca, me separó e hizo que me
quitase el liguero, con las medias me ató una mano a cada lado de
la cama, mirando contra la pared, y puesta como una perrita, con
mi culo en alto, me separó las piernas y me abrió las nalgas,
dejando mi hoyito entero a la vista, que aún estaba dolorido, me
volvió a penetrar, mientras con la mano, me masturbaba, me volví a
correr primero que él, empezó a convulsionarse, así que aceleré
mis movimientos, apretaba mi culo contra él para sentir bien
dentro todo su rabo, mientras se corría.
Pasamos todo el fin de semana follando, fue sensacional, ahora una
vez al mes nos vemos, él ya viene a mi casa, me regala lencería,
me depila el cuerpo entero, soy su puta, toda suya, la última vez
dijo que me iba a traer una sorpresa, cuando abrí la puerta, allí
estaba él junto con un amigo suyo, me dijo que ya que era su puta,
quería ver lo que era capaz de hacer por él, quería ver como me
follaban, pero esto lo contaré en otra ocasión.
Si queréis escribirme y contarme lo que os parece mi relato,
hacerlo.